Imágenes que a diario se observan en el Area Metropolitana, reflejando la irresponsabilidad y el poco valor que como sociedad le damos a la vida, sin que las autoridades hayan podido afrontar el problema más allá de algún anuncio ocasional.
Mientras autoridades y organizaciones no gubernamentales mantiene incontables reuniones, comparten anuncios y reflejan en los medios de comunicación “todo” lo que realizan en pos de reducir la inseguridad vial, la cruda realidad nos abofetea en el rostro como para que reaccionemos y comprendamos que seguir repitiendo las acciones que no dieron resultado, difícilmente nos acerquemos a una solución del grave problema que nos afecta.
Se proponen campañas de “educación vial”, se incorporan modernos vehículos y equipamiento de última generación, se destinan cuantiosos recursos económicos para abordar un problema que tiene su origen en una cuestión cultural y se manifiesta mediante el incumplimiento sistemático de todas las reglas de convivencia, desde el mantenimiento de la limpieza de los sitios comunes hasta la hipocresía de pretender que sean los otros los que cumplan las normas.
Esta cuestión cultural, que afecta a todas las edades y estratos socioeconómicos, tiene en el tránsito su más destacada expresión y las motocicletas son el más claro ejemplo del poco valor que le damos a la vida y a nuestra seguridad.
Las imágenes que acompañan estas líneas, que no tiene otro objetivo más que abrir el debate sobre cómo somos como sociedad, son uno de los tantos ejemplos de lo mal que estamos en materia vial y de lo poco que estamos haciendo para tomar conciencia, y tal vez algún día, nos encaminemos hacia una sociedad más responsable.